Gustavo Aníbal Olivera (53) fue condenado a 16 años de prisión al ser hallado culpable de haber asesinado de una puñalada en mayo de 2016 al joven músico, estudiante de ingeniería, Eduardo Cicchino porque gritó un gol de Boca en un bar del barrio porteño de San Telmo.

La condena fue dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 28, integrado por los jueces Javier Anzoátegui, Luis María Rizzi y Carlos Rengel Mirat, quienes definieron el hecho como un “homicidio simple”.

Por mayoría, los magistrados decidieron no tomar en cuenta la solicitud del fiscal de la causa, Fabián Céliz, como la del abogado de la familia de la víctima, Ignacio Costa, quienes durante los alegatos pidieron que se le aplicara la prisión perpetua a Gustavo Olivera (53) por el “homicidio calificado por alevosía” de Ciucchino (26).

En esa misma instancia, el abogado defensor de Olivera había pedido que se lo condenara por “homicidio preterintencional”, figura que considera que el acusado actuó para generar un daño físico, pero no con la intención de provocar la muerte, la cual conlleva una pena de tres a seis años de reclusión.

Olivera fue invitado por el tribunal en esta última audiencia a hacer uso de su derecho de pronunciar sus últimas palabras, a lo que respondió: “Sólo pido perdón”. Enseguida, los jueces dispusieron un cuarto intermedio para leer la parte resolutiva del fallo.

Marcelo Cicchino, padre de Eduardo, dijo que esperaba que el fallo fuera “ejemplar”, para “reflexionar en sociedad sobre estos casos de violencia por la violencia misma”.

El hecho ocurrió el 19 de mayo de 2016 por la noche en el bar Seddon, ubicado en la esquina de Chile y Defensa, en San Telmo, donde Cicchino fue junto a un grupo de amigos, al salir de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde estudiaba ingeniería industrial, a ver el partido por los cuartos de final de la Copa Libertadores en el que Boca eliminó por penales a Nacional de Montevideo.

El conflicto se inició cuando Cicchino y sus amigos festejaron el desenlace a favor de Boca, y Olivera, quien estaba sentado en otra mesa en el fondo del bar, se molestó y comenzó a insultarlos, aunque el incidente no pasó de un intercambio de palabras.

Una vez finalizado el partido, Cicchino y sus dos amigos salieron a la calle y allí el hombre siguió con las provocaciones insultando y empujando a los jóvenes, quienes le pidieron que dejara de insultarlos pero, en ese momento, el agresor sacó una daga de entre sus ropas y le aplicó una puñalada en el tórax a la altura del corazón a Cicchino, quien cayó herido en la vereda.

El joven murió el 2 de junio, tras dos semanas de estar internado en terapia intensiva en estado crítico, tiempo durante el cual fue sometido a tres cirugías en el ventrículo izquierdo, donde recibió la puñalada el día de la agresión.

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