La médica especialista en nutrición Virginia Busnelli, directora médica de CRENYF, destacó que dormir de manera insuficiente “reduce el metabolismo entre un 8-10%, es decir que el cuerpo gastará menos energía que lo que gastaría si durmiera la cantidad de horas necesarias”.

Busnelli indicó que “distintas investigaciones científicas han observado, además, que las personas que duermen menos horas parecen preferir los alimentos que contienen más calorías y carbohidratos, con lo cual, son más propensas a comer en exceso diariamente y por ende a aumentar de peso”.

La especialista indicó que “las horas de sueño son las que mantienen un equilibrio saludable de la hormona que nos hace sentir hambre (la grelina) y de la que nos hace sentir llenos (la leptina)”.

“Cuando no se duerme la cantidad de horas suficientes y de forma continua, el equilibrio se pierde y la concentración de grelina aumenta y la de leptina disminuye. Esta desregulación hormonal genera que se tenga más hambre a diferencia de cuando uno ha descansado bien”, comentó la nutricionista.

Asimismo, Busnelli afirmó que “el sueño influye en la forma en que el organismo reacciona sobre la insulina (la hormona que controla la cantidad de glucosa en la sangre); la falta de horas de sueño o un sueño de mala calidad, provoca una concentración de azúcar en la sangre más alta que la normal, con lo cual puede aumentar el riesgo de sufrir diabetes o empeorar su evolución”.

“Es importante destacar, además, que las personas con falta de sueño tienen menor probabilidad de ser físicamente activas, lo que deriva en un menor gasto de energía. Si al aumento del apetito y el deseo de comer, se une la reducción de la actividad, se hace evidente el importante papel que el sueño puede jugar en la gestión del peso corporal”, añadió.

Algunas recomendaciones para un buen descanso:

1) Evitar el consumo de bebidas estimulantes. Bebidas con cafeína, bebidas alcohólicas, etc., por lo menos desde seis horas antes de dormir.

2) Generar un clima propicio. Una temperatura adecuada, la mayor oscuridad posible y evitar ruidos que interrumpan el descanso.

3) Mejorar hábitos alimentarios. Llevar a cabo un plan de alimentación saludable diario y realizar una cena liviana, ya que no es aconsejable dormir con el estómago lleno pero tampoco con el estómago vacío. Se recomienda una comida equilibrada, liviana y sana por lo menos tres horas antes de acostarte.

4) Incorporar el ejercicio a la rutina. Realizar ejercicio favorece el ciclo del sueño.

5) Respetar la rutina del sueño. Tratar de acostarse y levantarse a la misma hora siempre que sea posible.

Busnelli puso de relieve la necesidad “de pensar en la importancia de descansar adecuadamente, hacer caso a las señales (ronquidos; interrupciones en respiración; despertarse varias veces durante la noche; rechinar los dientes) y consultar a un especialista que ayude a equilibrar la rutina para poder descansar mejor, incorporar hábitos alimentarios y el ejercicio a la vida diaria”.

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