Lucas Antonio Torres, de 7 años, falleció el fin de semana después de batallar contra un cáncer de huesos, que le afectó otras partes del cuerpo. Su lucha tomó estado público en los últimos meses y mucha gente se involucró para, por lo menos, poder darle una mejor calidad de vida.

Cuando la vida del nene se apagó, se organizó un velatorio que se extendió desde el sábado y hasta el domingo. En ese lapso, varios delincuentes entraron a robar en la casa de la familia, a sabiendas de que todos estaban en una casa fúnebre. Se robaron todo lo que había en el cuarto del chiquito: sus juegos, la plata que se estaba recaudando para un evento benéfico por su salud y el celular de la mamá, donde quedaban las últimas fotos, audios y videos de Lucas, muchos de ellos con jugadores de Estudiantes, cuadro del que era hincha.

Tan inefable como se lee, el episodio ocurrió en la esquina de 84 y 132 de Los Hornos. Por lo que los Torres pudieron averiguar, habrían sido tres los ladrones que forzaron una puerta trasera para tener acceso a la casa.

Además de un televisor que estaba en otra sala, los delincuentes parecieron particularmente ensañados con vaciar la habitación del niño. El robo habría sucedido en la noche del sábado, mientras la familia estaba reunida en una cochería de 12 entre 68 y 69.

“Es seguro que sabían que no estábamos, porque todo el barrio sabía de lo de Lucas”, argumentó Silvina Gallego (44), la mamá del nene. En pleno velatorio, Julián (20), uno de los hermanos de Lucas, volvió a la casa de Los Hornos para buscar una ofrenda que iría para el cajón del niño: una gorra que le había regalado el volante albirrojo, Israel Damonte.

Así se dio cuenta de lo que había ocurrido. El panorama dentro del cuarto del nene era desolador: faltaban su televisor, su PlayStation y el dinero que se estaba recaudando para un evento a beneficio para costear su tratamiento. “Pero Lucas no llegó”, se lamentó Silvina.

El listado de cosas robadas se completó con el celular de la madre. Ahí estaban los archivos que registraron los últimos días del nene. “Estaban sus mensajes de voz, sus risas y su alegría. Es lo único que me interesa recuperar, porque lo material no nos importa”, coincidieron los Torres.

La familia completa se fue enterando de lo sucedido una vez que Lucas fue sepultado. Sumado al cimbronazo de la muerte del chiquito, la noticia fue devastadora para todos, incluidos muchos vecinos.

Los rumores condujeron a ubicar a un sospechoso en una vivienda situada justo enfrente. Un grupo nutrido fue hasta ahí a reclamar por lo que pasó. “Solamente un chico, que es menor, se hizo cargo de haber entrado a robar, pero le echó la culpa a otros dos, uno de alrededor de 20 años y otro de casi 40, con antecedentes”, aseguraron los familiares del nene. Las acusaciones fueron respondidas con amenazas (ver aparte).

Sumida en el dolor, Silvina empleó algunos adjetivos para hablar de los ladrones: “Malnacidos, lacras e hijos de puta”. (Diario El Día)