La ministra de Desarrollo Social de la Nación dijo que para revertir la situación se sebe trabajar en conjunto; “No sigamos bastardeando la palabra planes”, agregó

Es necesario trabajar todos juntos para que en la Argentina se deje de hablar de que una de cada tres personas es pobre. Este fue el mensaje que dejó la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley. Y, siguiendo con el lema de este Coloquio, habló de tender puentes para concretar una integración social. “Este país no puede crecer con un 32% de pobreza”, destacó la funcionaria.

La ministra dedicó además unas palabras a lo que se hizo mal en la administración anterior y comentó que se hablaba mucho de que estigmatizaba la pobreza, pero que no hay nada más estigmatizante que negar. Asimismo, llamó a bajar la inflación que es lo que hace que muchos pobres no puedan comer los últimos meses del mes.

Estas palabras se escucharon en el panel “Integración social, puente para el desarrollo sustentable de la Argentina”, que estuvo integrado por Stanley; María Laura Alzúa, investigadora del Cedlas (Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales) e Investigadora del Conicet, y Rodrigo Zarazaga, Fundador y Director de la Escuela de Liderazgo Político CIAS. Moderó Gastón Remy, Presidente de Dow Argentina y miembro del Comité 52° Coloquio.

Para transformar la realidad de un país con un tercio de su población en la pobreza se debe trabajar en conjunto. “La pobreza no es solo ingresos, por eso no importa solo pensar en cuánto necesita una familia para llegar a fin de mes, porque los chicos deben ser bien alimentados, tener acceso a la salud y a una educación de calidad”, afirmó Stanley.

Obviamente que hay una solución de emergencia y atenderla tiene que ver con que aquellas personas que están en la pobreza tengan una ayuda del estado. “No sigamos bastardeando la palabra planes. Se lo debe hace de manera transparente y directa, sin intermediarios que se abusen de eso”, alentó la funcionaria. “Pero con eso no alcanza. Por eso nos juntamos todos los ministros sociales para trabajar articulados para transformar la realidad concreta de un lugar”, acotó.

¿Por qué desarrollar una política social inteligente?, se preguntó Alzúa. “Porque sin ella no hay inclusión social”, se respondió. “No hay ningún país en el mundo que haya tenido una distribución del ingreso tan despareja como la que tuvo la Argentina”, agregó.

Esto, según Alzúa, no se va a resolver en un año, pero hay que tomar el toro por las astas. “Los empresarios tienen una gran responsabilidad a la hora de encarar una política social inteligente”, instó. “El rol del empresario es usar las varas altas que tienen para sus empresas para ejecutar los programas de responsabilidad social empresaria”, acotó.

Alzúa terminó con una frase de Adam Smith: “Ninguna sociedad va a ser feliz si gran parte de sus miembros son pobres o sufren privaciones”.

Zarazaga, en tanto, hizo una descripción certera de lo que es la pobreza en la Argentina, y expresó: “Hay una serie de mitos que no son ciertos. No toda transferencia de ingresos es clientelar; no conozco un puntero cuyo negocio sea manejar la Asignación Universal por Hijo. Distinto es si entramos en planes provinciales y municipales”.

Si se plantea eliminar a un puntero, hay que pensar en cómo se lo reemplaza. “Porque aún con todo lo malo que tiene, es el puntero el que hace llegar las cosas que se necesitan. No hago una apología del puntero; pero si lo vamos a sacar, pensemos qué ponemos ahí”, explicó Zarazaga.

La tecnología, en tanto, apareció como una herramienta fundamental para luchar contra la pobreza. Así surgió, por ejemplo, el caso de la tarjeta SUBE. “Obviamente puede aportar mucho y abaratar costos. Hay muchas cosas burocráticas que podrían resolverse con informática”, concluyó Zarazaga.

Todos se llevaron del panel la impresión de que no es posible una sociedad desarrollada si subsisten los bolsones de pobreza que hay en la actualidad. Por eso, se instó a los empresarios para que incluyan este tema en su agenda y empiecen a tender puentes para salir definitivamente de esta situación en la que, según dijo Stanley, “no se puede crecer”. (La Nación)

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