CARACAS.- Dos jóvenes estudiantes murieron por disparos ayer en Venezuela durante una masiva jornada de protestas, incrementando a siete los fallecidos durante la más reciente ola de manifestaciones contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro que también dejó un saldo de cientos de heridos y 30 detenidos. Los opositores, que marcharon en varias ciudades del país vestidos en su mayoría de blanco, fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad con gases lacrimógenos, balas de goma y camiones hidrantes, mientras que en Caracas decenas de miles de adeptos de Maduro se congregaron en respaldo al mandatario sin ser disuadidos por policías.

En la mañana, un grupo de supuestos simpatizantes oficialistas, que intentó impedir una movilización opositora en una zona de clase media de la capital, abrió fuego y mató a Carlos Moreno (17) de un disparo en la cabeza. El estudiante universitario no participaba de las protestas. Iba a jugar fútbol cuando fue alcanzado por una bala.

Más tarde, en la ciudad occidental de San Cristóbal, otra estudiante universitaria, Paola Ramírez, de 23 años, perdió la vida por un disparo de supuestas hordas de motoqueros ligadas al oficialismo que abrieron fuego contra ella cuando se retiraba de una protesta. El Ministerio Público informó que inició las investigaciones sobre ambas muertes.

El ambiente político se recalentó recientemente en el país petrolero luego de que el Poder Judicial se arrogara prerrogativas del Parlamento dominado por la oposición, generando protestas internas y llamados internacionales a respetar la democracia. Los adversarios de Maduro -y varios gobiernos de América y Europa- aseguran que Venezuela está gobernada por una dictadura que apresa a los disidentes, viola los derechos humanos y donde millones sufren por la escasez de alimentos y medicamentos. “No desmayen pese a la despiadada represión que algunos efectivos de la Guardia Nacional y la Policía realizan contra la manifestación pacífica”, pidió a sus huestes el diputado opositor Freddy Guevara. “Continuaremos en las calles”, agregó en plena marcha en Caracas, donde la Guardia y la Policía desplegaron un nutrido contingente de efectivos antimotines secundados por tanquetas.

Pese a que el Tribunal Supremo de Justicia (Corte) revirtió las polémicas sentencias que bloqueaban la labor parlamentaria, el cerco continúa ya que la Asamblea Nacional (parlamento) no ha podido aprobar ni una sola ley desde que la oposición ganó la mayoría de sus bancas en 2015. Y ayer, los adversarios de Maduro prometieron seguir en las calles de Venezuela presionando por la separación de poderes, elecciones anticipadas, la liberación de un centenar de presos políticos y la apertura de un canal humanitario para aliviar la escasez de alimentos y medicamentos.

Pero, a pesar de las masivas marchas opositoras y de la presión internacional, Maduro denunció un intento de golpe de Estado en su contra y pidió que no se entrometan en los asuntos de su país. “Hemos tenido un día de pueblo en la calle, y cuando el pueblo bolivariano está en la calle hay paz”, dijo el mandatario ante una marea vestida de rojo que se congregó en Caracas. “Pretendieron asaltar el poder y los hemos derrotado otra vez, a los golpistas”, agregó arengado por consignas como “¡El pueblo unido jamás será vencido!”. En el último mes, las manifestaciones opositoras fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad, dejando cientos de heridos y detenidos y 7 fallecidos, dos de ellos por heridas de bala de policías. La oposición acusa a Maduro de ser responsable de la grave crisis que sufre el país, pero el mandatario socialista, que asumió en el 2013, ha rechazado los señalamientos.