Una serie de situaciones en el medio del desierto ayudan a descubrir los pensamientos más íntimos. ¿Las personas se conocen tanto como creen?

Un desierto. Aparece un cubo. ¿De qué tamaño es? ¿Con qué material está hecho? También se alcanza a ver una escalera. ¿De madera o de cemento? ¿Está muy lejos del cubo? Las flores comienzan a descubrirse de a poco pero están. ¿Son muchas o pocas? ¿Se las puede tocar? El ruido que se escucha de fondo es el de un caballo que viene galopando. Se detiene. Aparece en la imagen. ¿Es tranquilo? ¿Está atado al cubo o a la escalera? La escena la decora el cielo, que pasó de celeste a gris en un instante. Se avecina una tormenta. ¿Está lejos o cerca? ¿Genera miedo?

Las respuestas a todos estos interrogantes pertenecen a un simple juego con respuestas complejas y personales. El test del cubo, un invento japonés, propone desde la imaginación este panorama, con estos objetos y con estos seres en escena.

En Japón, los libros de Kokología -el estudio de kokoro, que significa mente o espíritu en aquel país- fueron publicados en 1998 y rápidamente se volvieron bestsellers.

En estos se puede encontrar una serie de tests psicológicos, diseñados específicamente para revelar los pensamientos más profundos de las personas, en donde las respuestas -referidas a sexo, familia, amor, trabajo, entre otros- van de lo particular a lo general para definir muchos rasgos específicos de la personalidad.

Este juego fue popularizado por la escritora Annie Gottlieb y el médico búlgaro Slobodan Pesic en el libro El test de cubo. En el, no es el desierto, la escalera, las flores, el caballo o la tormenta lo que definen la personalidad de las personas, sino las reacciones que tengan ante sus elecciones.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.