Después del segundo debate presidencial estadounidense, varios analistas coincidieron este lunes en que el candidato republicano, Donald Trump, consiguió, al menos, salir del pozo en que se había metido por su último escándalo. Sin embargo, lejos quedó de ser declarado ganador de esta cita, en la que ninguno de los dos rivales se animó a salir de su lugar de confort.

“Ésta era la oportunidad para que ambos le hablaran a los votantes indecisos. Pero dio la impresión que Trump tomó la decisión de amarrar a los electores que ya tenía en vez de buscar nuevos votantes. Su estrategia buscó evitar perder el apoyo de quienes ya lo seguían”, explicó a Télam Ana Marían Salazar, una especialista en América Latina y Seguridad, que trabajó en el Pentágono y la Casa Blanca durante el gobierno de Bill Clinton.

Desde México, donde ahora trabaja, evaluó que Hillary Clinton “sí intentó tener un mensaje que lograra convencer a los indecisos, a aquellos que sienten que no pueden votar a Trump. Trató de demostrar que ella tiene un temperamento para ser presidente; por ejemplo, mostrando control ante los ataques bastante fuertes de Trump”.

“Si uno entiende que estos fueron los objetivos de cada uno, ambos los cumplieron”, concluyó la analista.

Por su parte, la investigadora de Historia estadounidense de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, Valeria Carbone, coincidió en que “la estrategia de Trump no es ganar el apoyo de los independientes ni cerrar la brecha dentro de su partido. Su discurso sigue siendo el mismo que el de las primarias; le está hablando a su base”.

“Su estrategia es atraer a gente nueva, gente que no suele votar, para que vote republicano”, agregó en diálogo con esta agencia.

El proceso de registrarse para votar depende de cada estado o cada ciudad y en muchos casos se puede hacer hasta el propio día de la elección, el 8 de noviembre.

Según Carbone, el magnate no cambió el domingo ni en un ápice su discurso: “Está enfocado a atacar a Hillary. Demostrar que ella no es la candidata apropiada y que él es una mejor opción, el mal menor”.

“Después del debate -continuó la investigadora argentina- uno de los simpatizantes de Trump le explicó a un periodista: ‘no me preocupa lo que dice Trump, sino las cosas que Hillary ha hecho’. Ese es el pensamiento de los votantes de Trump y a ellos le habló anoche”.

Gran parte de los medios estadounidenses rechaza abiertamente a Trump y, por lo tanto, condenó los ataques y agravios que lanzó anoche contra su rival demócrata. Sin embargo, ninguno de ellos concluyó que el magnate salió del encuentro peor de lo que había entrado.

Para la cadena de noticias conservadora Fox News, un medio que apoya explícitamente al multimillonario, el republicano cuanto menos “sorprendió” el domingo por la noche.

“Le fue mejor de lo que cualquiera habría previsto (…). Esto no cambia el hecho de que Trump aún enfrenta enormes desafíos en materia de recaudación de fondos, trabajo de campo e infraestructura”, escribió para la página web de Fox News Douglas E.Schoen, un ex encuestador de Bill Clinton y actual comentarista de ese medio.

“Pero el debate lo mantiene dentro del juego y lo ayuda a salir del agujero que él mismo estuvo cavando en las últimas dos semanas”, agregó.

Para Salazar, aún es muy temprano para saber cómo el segundo debate presidencial va a afectar a este último tramo de la campaña electoral.

“Todavía hay que esperar unos días para las encuestas (…) Pero a esta altura los debates se han vuelto un show mediático. Cuando anoche se habló de políticas públicas, la gente lo consideraba aburrido. Hubo momentos en que Clinton trató de hablar sobre cosas específicas y muchos lo consideraron aburrido”, destacó la ex funcionaria estadounidense.

Pese a esta apreciación, Salazar está convencida de que en este último tramo de la campaña la discusión sobre políticas públicas no moverá el amperímetro.

“Es muy difícil que los se identifican por un partido vayan a cambiar su voto y los indecisos ya tienen toda la información que necesitan sobre las propuestas políticas de cada uno de los candidatos. Ahora para Clinton se reduce a si logra que confíen en ella. Su lógica es atraer a los que no quieren votar a Trump: si no votan por ella, ¿por quién van a votar?”, explicó la analista.

Según las últimas dos encuestas nacionales publicadas por el sitio especializado Real Clear Politics, los dos candidatos de partidos menores, Gary Johnson, del Partido Libertario, y Jill Stein, del Partido Verde, suman una intención de voto de entre el 11% y el 9%, una porción del electorado que podría ser clave para inclinar la balanza definitivamente a favor de Clinton en las urnas en menos de un mes.(Agencia Télam)

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